sábado, 5 de septiembre de 2009

Baena, memoria del aceite de oliva



Un mar de olivo rodea la localidad cordobesa de Baena, encaramada a un cerro de mediana altura en cuya zona más alta quedan los restos de un primitivo castillo andalusí.

Baena posee una plaza mayor de estilo barroco, algunas iglesias donde este arte cobra su protagonismo en forma de imágenes religiosas y un conjunto de almazaras donde se elaboran algunos de los mejores aceites de oliva de este país.

La almazara Núñez de Prado es la más famosa de todas. Posee una bodega cuyas tinajas están ahí desde mediados del siglo XVII, y en las máquinas que quedan al lado el aceite se sigue filtrando por procedimientos naturales y artesanales del mismo modo que hace un siglo. Los olivares de Núñez de Prado tienen un tronco en lugar de tres, como es habitual por las tierras de Jaén. Son ecológicos y en su crecimiento no se utilizan herbicidas de ningún tipo.

Hay en Baena, al igual que en las otras ciudades de la vecina provincia de Jaén, un respeto reverencial hacia la naturaleza. Estas tierras amamantan un árbol sagrado cuyo fruto alimentó a generaciones de andaluces y ahora sacia la culta curiosidad de los amantes de la alta gastronomía. La ciudad cordobesa extrae uno de los zumos de aceituna más deliciosos de cuantos se elaboran en el mundo.

Tanto es así, que el aceite de oliva virgen extra que se produce en esta ciudad y en los pueblos de su alrededor fue el primero en obtener el prestigioso marchamo de Denominación de Origen en España.

Baena está situada en mitad de la soleada campiña, entre las riberas del Guadalquivir y las estribaciones montañosas de la Subbética. Desde hace siglos en sus campos de tierra parda crecen olivos centenarios de originales variedades como la picuda, la picual y la hojiblanca con las que se elabora un aceite afrutado, suave, ennoblecido por los matices de la manzana y la almendra, untuoso y turbio, armonioso y equilibrado, con un picor y amargor de sutil presencia.

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