miércoles, 1 de diciembre de 2010

Úbeda, pasión renacentista entre el Guadalquivir y Sierra Mágina


Capital de la fértil Comarca de La Loma, Úbeda junto con la cercana Baeza, es conjunto Patrimonio Cultural de la Humanidad declarado por la UNESCO el 3 de julio de 2003, debido a la calidad y buena conservación de sus numerosos edificios renacentistas y de su singular entorno urbanístico.

¿Quién no se ha ido alguna vez por los cerros de Úbeda? Una frase muy popular que parece tener su origen en la época de la reconquista de la ciudad en 1233.

Parece ser que uno de los más importantes capitanes del rey Fernando III el Santo desapareció instantes antes de entrar en combate y se presentó en la ciudad una vez que ésta había sido reconquistada. Al preguntarle el rey dónde había estado, el otro, ni corto ni perezoso, contestó que se había perdido por los cerros de Úbeda.

La ciudad se encuentra situada sobre una loma, volcada hacia el valle del Guadalquivir y frente a una de las sierras más destacadas de la provincia de Jaén, la de Mágina, que es parque natural.

Castellana y renacentista por los cuatro costados, encierra tal cantidad de monumentos, iglesias, palacios y casas señoriales que lo mejor es pasear por ella y trasladarse virtualmente al tiempo de su esplendor histórico.

La ciudad cuenta con 48 monumentos notables, y más de otro centenar de edificios de interés, casi todos ellos de estilo renacentista. Todo este rico patrimonio llevó a Úbeda a ser la segunda ciudad de España nombrada Conjunto Histórico-Artístico, en el año 1955.

En el año 1975 recibió el nombramiento del Consejo de Europa como Ciudad Ejemplar del Renacimiento. En 2003 fue nombrada Patrimonio de la Humanidad, junto con Baeza, por la UNESCO.

La gastronomía ubetense tiene una importante raíz andalusí, con abundancia de legumbres, cereales, carne de caza y, por supuesto, la aceituna (de mesa, de verdeo, negra o la variedad de cornezuelo) y el aceite de oliva, la principal cosecha en la comarca.


Algunos productos destacables son las migas, el ochío, una torta de aceite espolvoreada con pimentón. También son muy típicos la perdiz en escabeche, la morcilla en caldera, los buñuelos (ó churros), fritos en el aceite extra virgen de la zona y postres como el hornazo (una torta de aceite con huevo duro en el centro típica de la Semana Santa) o los papajotes.

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